Sin titulo (1)

han pasado cinco horas sin un trago de agua. creo que ya estoy preparado para el desierto. ¿vienes? llevaré a mi perro, siempre me hace reír. te recojo a las siete

atentamente.

cerdo

Tarántula – Bob Dylan

 

Tomar un libro en el pasado era como ver el lento suplicio suicida de la creatividad.

Todo aquello que se formulaba en mi cabeza y que poco a poco iba fraguando; por aquí los brazos con pequeños dedos saliendo a la superficie, por allá las piernas, ¡Ojos, boca, nariz, espalda! Toda la composición poética del cuerpo, estaba destinada a permanecer en la sombra. Era una semilla sepultada en espera de formar pequeñas plantas que alguna vez, si todo sale bien, tendrá flores, frutos, una muerte anunciada y apacible.

No se trataba de un impedimento ni la fertilidad tendiente a cero dentro del caparazón cerebral. Era una barrera en donde todo lo construido tenía el aspecto de algo previo: la maldición del producto copia. Nada original.

Escupir palabras, tomarlas con la punta de los dedos, despegarlas del suelo con la esquina de la uña. Detenerse sobre una superficie plana y postrar una a una, ligando con espacios, puntuación, un derecho y un revés, hasta dar vida a las ideas del modo menos actoral mientras la sorpresa que, seamos honestos, dejo de ser sorpresa, se aparecía como rayo solar que descubre la verdad al amanecer. No había nada nuevo, todo estaba escrito en el mismo sentido.

Voy a escribir de nuevo y que sea lo que tenga que ser.

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