naves espaciales

eso es justamente lo que ella tenía en la espalda, en el límite delgado de la estética y la estática.
infinidad de veces dibujé nubes y estrellas, ir y venir en nebulosas que trepadas en mis labios morados marcaron senderos de luz y sonido; senderos que jamás serían de viajero, a menos que me convirtiera en uno de ellos.

la noche que soñé que le escribía estuve tentado a mandar todo a la mierda. me detuvieron dos cosas: la enervante sensación de sentirme protector y protegido (que a decir verdad fue la menor de ellas) y el hecho determinante que la mierda es el lugar (la cosa, el espacio, que se yo) de mayor tránsito; sería desviar todo a un lugar más cómodo y placentero.

así que, tomando entre mis manos las últimas galaxias que estaba dispuesto a dar por ella, me dirigí sin cautela donde yacen sus naves espaciales, en el límite delgado de su estética y mi estática y le planté de tajo la verdad de mis ilusiones vagas. nunca hubo naves espaciales en su espalda, porque caminar sobre su cuerpo era conocer de principio a fin el universo.

el astronauta.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s