De cartas de amor

Buenos días, buenas tardes, buenas noches a todos los que pisan tierras MMAnas. En una de mis tantas conversaciones de messenger, de donde extraigo tópicos, ideas e incluso la misma conversación entera, platicaba con Lintux Lux y me comentaba que se unía a la causa de la poca creatividad de los escritores y nos proporcionaba del siguiente material.

Pero antes, ¿Alguna vez ha enviado una carta de amor? ¿Alguna vez ha escrito una carta?¿Ha sido en papel o electrónica?¿Sabe que es una carta? No es necesario que responda todas esas interrogantes pero justo de ahí nace esta entrada.

En España, se lleva a cabo un concurso denominado ‘Concurso Antonio Villalba de cartas de amor’ en donde las personas alrededor del mundo que cuenten con un editor de texto, una cuenta de correo y maneje el idioma Español en sus variantes puede participar sin problema alguno.

Existe en la página en donde publicaron los resultados tanto la mecánica del concurso, el proceso y los participantes que destacaron asi como los ganadores de los primeros lugares. Lintux Lux me decia que le agrado mas la carta que gano el segundo lugar, por lo que me permitiré publicarla a continuación y aquí el link en donde puede observar mas detalles acerca del concurso:

Recuerdos en un cartel, de Susana Corroto
Publicado el: Sábado, 14 febrero a las 20:00:00

Esta mañana me he dado cuenta de que no recordabas mi nombre. Lo he visto en tus ojos azules, mi princesa, cuando he entrado en la cocina, aún en pijama, adormilado, y te he has girado hacia mí con el paquete abierto de café en una mano y una cuchara en la otra, dándome los buenos días.

Durante apenas un segundo se te ha congelado la sonrisa, pero enseguida has fingido reconocerme y has seguido con lo tuyo, como si tal cosa. Yo me he vuelto al dormitorio y he abierto el tercer cajón de la cómoda. He tomado el cartel de cartulina roja, el que lleva mi nombre dibujado en mayúsculas de trazo grueso, y me lo colgado al cuello. Después, sentados a la mesa, cuando me has pasado el azúcar, has mirado mi cartel y he notado que te relajabas. “¿Te apetece una tostada, Miguel?”, has preguntado, haciendo hincapié en la pronunciación de mi nombre, para que yo viera que sí, que lo sabes, aunque algunos días no puedas recordarlo sola.

Los médicos dijeron que el desarrollo sería progresivo, muy lento y de hecho, hay días que aún son buenos, incluso parecen normales. Y en esos días soy yo el que se olvida de esta pesadilla en la que estamos inmersos los dos, desde hace casi tres años, envueltos en esta penumbra, en esta bruma que no te deja mirar atrás, mi princesa, que te esconde adrede nuestro pasado y nuestro presente, nuestros buenos y malos momentos, nuestros sentimientos y hasta nuestros sueños. Pero en medio de esta niebla, he de mostrarme tranquilo, sosegado, sereno. Ser metódico y mantener tu entorno claro y ordenado, exento de imprevistos y alteraciones que puedan perturbarte. Por eso, todo lo que hacemos cada día sigue una rutina y por eso, también, he marcado cada rincón de la casa con pequeñas etiquetas de colores que muestran mensajes diversos: “Azúcar”. “Armario para vasos”. “Sopa = cuchara”. “Calcetines”. “Te amo, Celia”, por todas partes, “Te amo”.

Acabas tu desayuno y te levantas sin decir nada. Cruzas el pasillo decidida y te veo desaparecer tras la puerta cerrada del baño. No debo atosigarte, así que pongo los vasos en el fregadero, recojo a toda prisa las migas de la mesa y te espero impaciente, sentado en el sofá de la sala. Hago como que leo el periódico, dejo que las gafas de cerca se escurran hasta la punta de mi nariz y permanezco atento a cualquier ruido extraño, a cualquier golpe o a cualquier llamada, para correr en tu busca, a rescatarte, mi princesa. Cuando sales, han transcurrido veinte minutos que a mí me han parecido eternos. Te has cardado el pelo como uno de esos punkis que tanta gracia te hacían. Has pintado de carmín rojo tus labios, y también las comisuras, y te has perfilado los ojos con lápiz negro, embadurnándote los bordes como un payaso que estuvo llorando antes de su gran espectáculo. Has confundido la laca de uñas con el frasco de perfume, y por tu cuello se deslizan dos hilillos plateados. “¿Estoy guapa?”, preguntas. Y yo sonrío, o trato de hacerlo, y te contesto que claro, que tú siempre estás guapa, y me vuelvo contigo al baño para convencerte de que es la hora de la ducha. “Ay no papá, papaíto, que aún no es domingo”, replicas lloriqueando y pataleas flojito en el suelo. “No quiero ducharme, no quiero”. Pero te dejas hacer y voy quitándote la ropa mientras canturreas una canción de cuna, aquélla que le cantabas cada noche a nuestra Ana para que por fin cogiera el sueño. Contemplas fascinada la espuma que resbala por tu cuerpo desnudo, tan frágil, y chapoteas y me salpicas y todo termina convertido en una gran piscina. Y yo termino empapado también. Empapado y agotado a las diez de esta mañana en la que no recuerdas mi nombre. Te envuelvo en una toalla y al momento la arrojas al suelo y sales corriendo hacia el cuarto. Abres el armario y lo revuelves todo hasta encontrar un vestido floreado, liviano, de vuelo y sin mangas. Recuerdo habértelo visto en alguna noche de verbena. “Es diciembre, mi cielo, hace frío”, te digo. Pero no hay forma. Te enfadas y me gritas. Me empujas con una fuerza que no sabía que tenías. “¡Suéltame! ¡Qué me sueltes!”, y tiras con fuerza del vestido, y la delicada tela se rasga, pero da lo mismo, te lo pones, con zapatos de tacón, muy altos, como siempre te gustaron. ”Ya estoy lista”. Me sonríes, coqueta, y te sonrojas, como la primera vez que te lancé un piropo a verte pasear con tus amigas por el Parque Grande. “Guapa”, te digo, y te guiño un ojo, como entones.

En el grupo de apoyo nos explican siempre la importancia de ir en busca de recuerdos, así que hoy, como cada día, dedicamos horas a mirar fotos, los dos juntos, sentados sobre el sofá, rodeados de álbumes viejos y cajas de lata. Asientes y sonríes mientras traigo hacia ti, poco a poco, los momentos bellos que encierran esas imágenes inmóviles. Y de pronto empiezas a hablar, a relatar las historias que quedaron plasmadas en el papel fotográfico y hasta me cuentas detalles que yo ya había olvidado. Te miro y vuelves a ser mi Celia, mi amor, mi niña… mi princesa. Me abrazas y te abrazo. Y permanecemos así, arropados con tu manta favorita, apoyada tu cabeza en mi hombro, hasta que de pronto te incorporas y me contemplas muy seria. “No debe abrazarme así, caballero. Estoy casada”. Te separas de mí y me invitas a marcharme. Yo obedezco, sumiso, por no contrariarte, y te dejo viendo la tele, ensimismada, murmurando palabras que solamente tú comprendes, mientras voy a la cocina a preparar el almuerzo. Hoy, tu plato favorito. Lasaña de atún casera. “Vamos a comer, mi vida”, te digo al cabo del rato. Paso un brazo por encima de tus hombros, te ayudo a levantarte y dirijo tus pasos hacia la mesa, vestida con tu mantel preferido y las servilletas de hilo que bordabas por las tardes. “Te he preparado lasaña, ¿ves?”. Cruzas los brazos delante del pecho y pones morritos. “No me gusta la lasaña”. Y yo: “Claro que sí, mi amor. Si la adoras”. Pero te niegas a probarla, te tapas la boca con las dos manos y sacudes la cabeza. Intento convencerte y le das un manotazo al plato. La lasaña se desbarata y la mezcla de bechamel, atún y tomate cae sobre tu regazo y se esparce por el suelo. Me miras, horrorizada. “Lo siento, Miguel. Lo siento”. Tiemblas y se te llenan los ojos de lágrimas, y los míos se inundan también, porque esta vez no ha ocurrido, no has mirado mi cartel. Esta vez, mi princesa, has recordado mi nombre.

Tomado en su versión para imprimir de la siguiente liga.

Esperamos nos cuenten que les pareció y cual ha sido su experiencia sobre del tema.

Saludos azules


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5 comentarios en “De cartas de amor

  1. LintuxLux dijo:

    Ahhhh!!! a mí me gustó hasta las lágrimas ! me cae! jé!! la carta ganadora no es mala… es un tanto cruel! XD…

    Y pues si, me late la idea que armar un “concurso de cartas” 😀 me decía a mí misma… y si hay un día para los “no enamorados”?? hehehehehe!?!?!? estaría rifadito eh!!! jajaja a´si armamos cartas de deshamor!!! y llanto!!!! uuuuuu!!!!! lágrimas!!!! jajajjajaja

    Saludos!!!

  2. @LintuxLux: Pues usté ordena y nosotros obedecemos, ahí esta la entrada sugerida y me agrado bastante.
    Tu idea esta chida, ese amor siempre se lleva todos los créditos, que hay de la otra cara de la moneda?? del otro lado de la humanidad?? Todo merece un homenaje, todo lo que de alguna forma interviene en el flujo de nuestras vidas.

    Y si nadie lo organiza, próximamente MMA tendrá su concurso de cartas de desamor xD.

    Saludos azules

  3. Saludos, compañero, te respondo tu comentario en mi blog (no sin antes agradecerlo) Me parece una pregunta bastante justa, por cierto. Como menciono en la entrada (al menos, de manera implícita) Somos una generación enajenada, y, por el momento, estoy en un proceso de “despertar”, es por eso que, por el momento, me concentro en despertar a mi generación antes de iniciar un movimiento mayor, mi filosofía: antes de la revolución, la concientización.

    Vive bien

  4. ayli dijo:

    bueno la carta esta super conmovedora.bueno seri apadre q en alguna ocacion se toque el tema del engaño que doloroso pero aligera nuestras almas no cren? no estaria mal el enterarme q no soy la unica q sufre por ento jijiji. bueno allos.

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