Intensivo

…Y ese “me voy” como pidiéndome perdón…

Después de leer tan enervantes historias por parte de nuestro escritor en prueba, me dieron ganas de salir del dominio de magos, ninjas, samuráis, botargas y demás cosas por el estilo.

Mejor, en el afán casi enfermizo de contarles las aventuras de mis allegados, les narraré algo que acaba de llegar a la redacción de su amigo, el más azul.

Era una mañana, de esas nubladas y con olor a desolación, olvido y tristeza. No partía el cielo ni la mas mínima esperanza del rayo del sol y una espesa capa de neblina, vapor de auto o quizá de coladera invadía la visibilidad de la oscuridad que de por si ya era reinante en el ambiente.

Un espacio cerrado, lleno de pupitres, con vistosos colores de pictogramas orientales tapizan las paredes como diciendo que el limite de la realidad estaba frente a la vista y, el mito de la ilusión se volvía material de forma destellante.

Fue entonces cuando el la vio.

Era tan agradable verle llegar con su sonrisa casi infantil y con una mirada que simplemente no veía nada, solo estaba por estar, para dar muestra de cortesía, pero al final de cuentas.

Justo ese era su ultimo día, el final de aquella historia que jamás se formó y las miradas se cruzaban una vez mas y por ultima ocasión.

El no aguantaba las ganas de lanzarse sobre su cuerpo y entre sus brazos hacerla callar de alguna queja, de alguna emoción, y ella, al notar la soledad del ambiente, los colores destellantes de las paredes y la mirada que por tiempos era compasiva y por otros homicida, solo pudo articular un hola forzado que retumbo y partió en dos el tiempo que se vivía.

No paso ni un segundo cuando se desaparecía de su mirada y, aunque las palabras ya estaban de mas, no se esforzó siquiera en respirar en el momento infinito en que dejo la habitación. Ya con un pie fuera, solo dio media vuelta, dijo adiós y una sonrisa tan grande que podía figurarse a un lamento cubrió su rostro de varón cubierto de vellos pardos y oscuros.

Esa vez su mirada expresaba extrañeza, pero se fijaba sobre el horizonte, como si no importara realmente nada, aunque sus cejas pedía perdón porque entendieron todo el tiempo lo que pasaba y esperaban que una voz fuera la que rompiera el mundo de sueños y todo fuera realidad tangible.

O quizás nada paso…

Saludos azules

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