Buscando arqueologías cubistas en mi cuerpo boteriano mientras escucho a los Rolling Stones

…Y quiero ser tu último dolor…

(Escrito total y específicamente para la chica “Hechizo de piel morena”).

Borré el filo de una navaja de afeitar sobre las paredes húmedas y orgánicamente fétidas de mis antebrazos, en un ir y venir musical de sollozos, gritos ahogados y lágrimas corroídas en los surcos de mi juvenil senectud, y ahí estabas tu, sepultada; los cabellos hechos nudo sobre tus labios poseídos por el furor del torrente y los ojos cerrados, con dirección hacia el cementerio de estrellas y polvos del cosmos.

Descocí de tajo la línea punteada que marca el inicio y el fin de mis ideas, empapadas en tintura de yodo, mientras ellas morían al contacto más mínimo y quizás también más íntimo con el viento. Con sus cuerpecitos apenas existentes, deslice en un frenético espiral, ejerciendo presión, hasta que sus masas internas se volvían la combinación del todo perfecto, el tono negro del vacio que jamás lo estuvo, y ahí estabas tu, escondida; la línea de tu espalda se posaba sobre mis lienzos surreales cual paloma en el horizonte, en la alborada de mis salvajes ideales, envuelta de misticismo y brillo del acero.

Apague la luz de mis ojos entre espinas de maguey hervidas en alcohol etílico con un chorrito de ausencia, remojadas en recuerdos y placeres jamás vividos, entre aromas enervantes de flores recién molidas, con la vida entre los pistilos y el odio sobre los pétalos, al son del rock and roll de los 50’s, y ahí estabas tu, desvanecida; tus huellas prominentes entre fango y sangre molida de mortal decepcionado levantaban vapores aislados de tu espíritu, quizás el detalle mas intangible de tu paso, pero el mas lindo detalle de tu existencia, una simple sonrisa al ras del suelo que destruye el mundo todos los días.

Y totalmente destrozado, vuelto un bulto, un simple traje sin dueño, la plena destrucción del hombre que deja a su paso sus emociones, sus sentimientos y sus alegrías regadas cual basura inconsciente del mal ajeno, me vuelvo un girasol con aroma, el hecho tangible de que al encontrarte sembrada en la carne, unida a los destellos de la mente y sobre los hombros como ángel embriagador de la realidad y realidad del mundo de los sueños, me basta tu vida vuelta noticia para molerla y pasarla por mi nariz, cocaína pura que respira por mi, en la legalidad de los demás y en la nuestra.

Que no sean mis palabras las que se derramen sobre tu piel desnuda, sino mi cuerpo vuelto viento entre los dedos del infinito.
Y ya no siento los golpes, sino la fuerza perdida fuera de tu causa.

Saludos azules.

PS. Espero dibujar constelaciones sobre tu espalda al ritmo que me fundo en tus concavidades y convexidades, o al menos ver tus ojos por un minuto para ofrendar mi vida vuelta ríos furiosos de paz corriendo entre tus pies.

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2 comentarios en “Buscando arqueologías cubistas en mi cuerpo boteriano mientras escucho a los Rolling Stones

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