Otra de amores tempranos

…Mira mis ojos, mírame directo a los ojos, yo sabré mentir a Dios con verte hoy…

Era la última semana de clases, solo faltaban 5 días para terminar de una vez y para siempre con el tortuoso camino que significa pasar por la educación secundaria, o eso pensaba yo hasta ese momento, en donde pase de ser el niño bien portado y de buenas calificaciones al demonio desmadre con calificaciones igual de buenas.

Ya me había hartado de problemas, con algunos compañeros y por sobre todo de ver a la niña que creí de mi sueños todos los días y que después me enteré que, habrán muchas de ese tipo y al final solo una será no la de mis sueños, sino la chica de mis realidades.

Era un lunes convencional, pero me di cuenta que el 85% del grupo no asistió ese día. Yo no quería romper mi record invicto de asistencia total (bueno, sin contar las dos semanas de suspensión por una broma pesada que ni siquiera hice 0.0), por lo que decidí ir a clases ese día.
Aquella niña que se comió mis sentimientos por mucho tiempo había hecho, de manera indirecta, que no viera a las demás chicas, porque mi corazón había encontrado en ella un prototipo de persona que nunca se comparo con algún otro tipo de ser.
Ese día la vi. Sabía su nombre, como el de todos mis compañeros, pues era inadmisible olvidarlos cuando tenías que anexarlos a los trabajos que nunca hicieron pero que pagaron por ellos. Se llama Berenice.

Era una adolescente hermosa, delgada, de piel morena, ojos grandes, labios gruesos y cabellos claros, como de tigre sin manchas. Nunca me percaté de ella ni de la forma tan hermosa en que se volvió en una mujer, hasta ese día.
En el salón solo estábamos el chino (no era yo, en ese entonces era un tipo calvo, como lo fui toda la secundaria), el tribilin, el patas, el pio, el chango, Susana, Maribel, otra Maribel, Beatriz, Ximena, Berenice y yo.
Estaban todos en un grupito hasta atrás del salón, conversando y haciendo relajo, y yo solo, hasta el frente, sentado en la banca de la niña que me poseía, dibujando sobre una hoja de papel su nombre, rodeado de corazones, flores y caricaturas malhechas de tigger, el personaje de la serie de Winnie The Pooh que tanto le gusta.
De repente sentí un aliento tibio sobre mi oído y me ericé, la piel se me volvió de gallina y no quise voltear por temor a ser devorado por esa emoción extraña que poseía mi cuerpo.
Ella tomo mi hombro de una forma tan suave y tan dulce, como solo lo he sentido en tan pocas veces y comenzamos a conversar:

Berenice: Que estas haciendo @@@@@@@? (Dijo mi apodo, el cual jamás será revelado.)
Io: (Escondiendo rápidamente la hoja) Nada Bere, aquí pensando.
B: Y desde cuando piensas escribiendo nombres de viejas mamonas y haciendo corazones?
I: Desde siempre, y no la juzgues sin conocerle.
B: Que te dio esa vieja que te trae tan pendejo?
I: Nada mas me escucha, me quiere, me llama por mi nombre y esta conmigo siempre.
B: Ella no esta aquí.
I: No necesita estarlo, huelo su aroma en el viento, siento su risa en mis oídos y la veo cuando cierro los ojos.
B: (Una ligera sonrisa de ternura se dibujó en sus labios) Neta que te tiene bien pendejo. Pero hablemos de otras cosas Oscar, por ejemplo, porque eres tan pinche matado?
I: Mejoraron las cosas cuando me dijiste Oscar (una risa ligera de ambos), pero no soy matado, ustedes que les gusta estar de desmadrosos y de huevones y no hacen nada.
B: Me dijiste desmadrosa, las cosas siguen mejorando (nuevamente las risas). Vamos con esos güeyes (señalando al grupito).
I: Preferiría quedarme aquí, si quieres ve con ellos.
B: Yo preferiría estar contigo, vamos a los jardines.

Me tomo de la mano y la coloco alrededor de su cintura, pego su cuerpo al mío como si quisiera que nos uniéramos por alguna fuerza cohesiva extrasensorial y salimos del salón. La escuela estaba vacía, había muy pocos alumnos, no había prefectos y los maestros estaban en convivio en el salón de usos múltiples, como lo hicieron toda la semana.
Mientras Berenice y yo estábamos en el jardín, frente a dos grandes rosales, acostados en el pasto, viendo los puntos de luz y las sombras en las copas de los árboles.
Ella siguió preguntando:

B: Y dime, desde cuando empezaste a sentir algo por ella?
I: Pues no se realmente, creo que cuando naci estaba en mis genes quererla.
B: (Se acercaba cada vez más a mí) Oye, dices cosas bien lindas, alguna vez le haz dicho a ella algo así?
I: Si, pero no obtengo mas que su silencio, ella se ruboriza y nunca me dice nada.
B: (Recostada ya sobre mi brazo) Si tu me dijeras algo así yo…(se quedo callada)
I: No podría hacerlo, lo que digo no sale nada mas porque si, todo lo siento.
B: Eso si, y quizás yo no te guste.

Me quede callado, si le decía que no, heriría sus sentimientos o me sentiría incomodo, si le decía que si, me confundiría, porque a pesar de que mis sentimientos eran claros para la niña en cuestión, Berenice me hacia sentir en un campo de paz y de confort, que creía como milagroso. No me sentía tan cómodo ni tan a gusto con una persona como me sentía con ella.

I: Como crees? Tu eres muy linda, estas muuy bien, claro que me gustas, pero el punto esta en mi, yo no soy una persona que se apegue a tus realidades.
B: (Su cabeza estaba recargada en mi hombro y respiraba del aire que salía de mi boca) Eres bien cabrón para la escuela, pero estas re-pendejo para esto. Tú me gustas, siempre me haz gustado, pero ese pinche chamaca mamona te hizo suyo y tú te dejaste.
I: Nah!, te estas burlando de mi, verdad? Como podría gustarte? Veme, no soy para ti.
B: Y para ella si?
I: Quizás, pero ese no es el punto, quizás si fuera mas alto, mas delgado, un poco musculoso, con facciones mas finas, con la nariz mas afilada y menos parecida a la nariz de Wario, con una mejor visión y con ojos un poquito mas claros, podría gustarle a ella y entonces también podría gustarte a ti.
B: Si fueras como dices, quizás a ella si le gustarías, pero a mi ya no, a mi me gusta tu forma de ser, las maneras tan tiernas que tienes para con ella, lo que te desvives por agradarla, y a ella también le gusta, pero tu te limitas y ella lo permite. Si hicieras por mi la mitad de lo que haces por ella, es mas, la mitad de la mitad (ella no era la mas brillante de las estudiantes xD), yo seria feliz contigo.
I: No Bere, no sabes lo que dices.
B: Tu tampoco

No supe en que momento paso, pero en un abrir y cerrar de ojos ella estaba sobre de mi, sus labios sobre los míos y me decía que me quería.
Yo actuaba más por impulso que por decisión propia y acariciaba su cabello, hasta que la separe de mí.

I: Esta bien que juegues conmigo, pero no lo hagas de forma que puedas herirme o herirte a ti misma.
B: Sabes que? Eres un pendejo.

Salió corriendo y yo no tuve el valor de ir tras de ella, me quede tirado en el pasto, con pétalos de rosa sobre mi cabeza y un sabor a menta sobre mis labios.
Pasó el día y ya era martes. Ella estaba sola, en la jardinera de orientación, desojando una rosa. Eran las 7:00 am.  Me senté a su lado y le hable.

I: Hola
B: Hola
I: Porque viniste hoy? No hay nada otra vez.
B: Porque viniste tú también?
I: Pensé que te vería, quiero hablar.
B: No tiene caso, tú dijiste todo ayer.
I: Tu también, y tienes razón.
B: En que? En que me gustas?
I: Si, en que soy un pendejo.

Fue una semana feliz.
Era grato verla en su pupitre, grafiteando las paredes recién pintadas y mandándome besos al aire. Y era mas grato tenderla en el jardín y dibujarle auras con pétalos de flores y ramas de árbol, verla como una diosa de la vegetación, sembrada, mi tierra de cultivo.
El viernes vi a la niña de mis sueños, en una ceremonia solemne en honor a los terceros.
Ese día recibí un diploma de honor por ser el primer lugar en aprovechamiento de todos los terceros y un regaño público por la suspensión que casi me cuesta mi reputación intachable.
Y al grito de @@@@@@@, todos mis compañeros me brindaron aplausos y porras.
La niña de mis sueños me dio una carta en donde me decía que me extraño toda la semana y que quería que ese cierre de ciclo no fuera un cierre de nuestro ciclo personal.
Berenice no me dio nada, más que la lección de que debo ser yo para gustarme a mi y gustarle a alguien mas.
Como lo dije, ella no era muy brillante y después de la entrega de papeles, sus padres se la llevaron de la escuela, muy molestos, por su baja productividad.

No la volví a ver y aun hoy no se nada de ella.

Aquel día todos se fueron de la escuela, hasta mis padres, y me quede solo en el salón, saque un plumón de entre mis ropas y fui a la banca de la niña de mis sueños y puse sobre el pupitre: “Aquí yace la historia de mi amor soñado”, después fui a la banca de Berenice y puse en forma de grafitti, lo mejor que pude: “A nadie quise mas que a ti cabrona”.

Saludos azules.

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