Alucinación vacacional

…Refresco de cola y música para dos…

Un radio viejo de carcasa colorada en medio de una mesa de maderos flojos descansaba en la sombra pacifica de la choza de paja y palma que mi abuelo alguna vez construyo.
Un ligero sonido de música cubana saturaba el ambiente. En momentos de explosión y de alegría latente, salía de entre las hebras marrón y sacudía las hojas secas del techo improvisado, y cuando todo se tornaba triste, un vacio espacial se confundía con la lentitud de las tonadas y parecía que la vieja casa seria victima de una explosión hacia sus entrañas, como quien regresa en el tiempo en un segundo.

Pero no siempre tocaba música cubana, era un radio muy autónomo y selectivo. Nunca había puesto atención en su caprichosa decisión de hacer siempre lo contrario de quien trata de manipularlo.
Me acuerdo el día que quise poner mi cassette preferido de Gabilondo Soler. Había recorrido manualmente toda la cinta magnética, hasta que perdía el color serio de su entonación y se volvía un destello transparente de su callado destino.
Ajuste el volumen en la perilla cual ladrón de cajas fuertes y presione el botón que decía “play”, al lado izquierdo siempre de aquel otro que decía “rec”, que debe ser un botón prohibido por sus tonalidades rojas; o quizás de alerta, porque siempre que era presionado, “play” hacia lo mismo. Debe ser difícil vivir al lado de quien es preferido por todos y cuando tú eres el centro de atención, te imita.

Calle para escuchar desde el momento en que el zumbido de la modulación del sonido se hace presente. Y no escuche nada.
Puse el radio de cabeza, revise las conexiones, prendí y apague el foco para comprobar que hubiera luz en casa. Nomas no escuche aquel violín mágico del grillo cantor. Me di por vencido, moví frenéticamente el selector de estación de radio y terminé por escuchar a Gardel, debajo de la cama, llorando las penas de los amores frustrados de cuando tenía 2 años. Ese día sembré melancolía en mi piel morena y descubrí que mi radio rojo no sabía leer cassetes.

En esos ayeres, el radio no era el vestigio de la erosión, como lo es ahora, mas sin embargo se estaba volviendo viejo.
Y quizás en la flor de su edad no sonó tan bien como lo hace hoy. Flor viva pero marchita, maltratada por la experiencia y la sabiduría.
Pero su caprichosa forma de ser no ha cambiado.
Si le pido Nirvana, toca covers de Frank Sinatra en voz de José José. Si le pido Camilo Sesto, toca Radiohead. Si le pido música celta toca Señor Bikini y si le pido que toque a los Beatles, me da la hora y me recuerda que solo es un radio, rojo y viejo como el solo.

Y no es el único que me defrauda, porque al refrigerador le he pedido agua de sandia y me da refresco de cola, y eso que el es blanco y no rojo.
Y si todos fueran azules?

Radio azul
Saludos azules
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2 comentarios en “Alucinación vacacional

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