Viajes (IV)

…Mares abisales…

Gruesa arena comienza por limar rudamente las plantas de mis pies desnudos mientras camino sobre las orillas del inmenso mar, dispuesto a llegar al lugar por excelencia dentro de el, la zona abisal, el inframundo del mar, el lugar a donde van todas las almas que se entregan al coloso reflejo del cielo.

Una especie de lodo puro, un filtro mágico que vuelve reflejo lo que debió ser veneno se antepone al camino cercado, del cual aun se es posible escapar.
Una ruta dibujada por las manos desnudas de Ehecatl yace justo un segundo antes y un segundo después en donde la sequia transforma el espacio en humedad casquivana.

De ahí en adelante todo se vuelve mojado, un hilo congelante y fresco que desciende y asciende entre las mismas vertebras, una emoción vuelta liquido de vida que recorre el amplio cascaron que pretende protegernos y, al final, la sensación de comunión mas grande que jamás existió.

Simplemente el paraíso, la ilusión del ahogo, del intercambio asistido de tonos, la vida prestada devuelta por fin en un proceso vandálico, una vida robada a la mala, con dolor, pero con placer, con lagrimas de gozo y de punzante desgarre.

Y libre de inhibiciones, comienza la aventura. Entre puentes de corales, cráneos de tiburón blanco, caparazones vacios y sal por todas partes se edifica la boca del mismo mar, la entrada sin retorno al mundo abisal.
Un pequeño y frágil laberinto, la entrada al infinito y a la noche verdadera, no aquella ilusión simple de humanos que ocurre con frecuencia en su andar, mas bien la verdadera noche, la negra amante que nunca muestra el rostro, el sentimiento reprimido que no se culpa por ser secreto y que no desea salir de si.

La vista se vuelve un dulce recuerdo del ayer y se abren de una vez y para siempre los ojos de la mente, no los del corazón ni los del hígado, ni los del píloro ni mucho menos los de los pulmones, esa clase de ojos se inventaron junto con las ideas del “coco”, la izquierda mexicana y el correo electrónico de la página web oficial de Dios.

Y en un sueño cósmico, traslucido, psicodélico y extraño estoy, nadando en el abismo, entre ideas fluorescentes, muerte asistida, deseos fecundos, medusas lacerantes y las ganas suficientes de reír, de gritar, de abrir la boca un poquito para probar los sabores varios que tiene el vacio, la imaginación, el negro mar poseído por las sucias intenciones del demonio de media noche, aunque eso signifique estallar en plenitud, absorto del mundo interior y atascado de agua.

Saludos azules.

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