Heroina

…Abran la puerta y cierren las cortinas que me muero de frio…

En medio de la tormenta de arena no se siente tanto el viento ni las llamas de fuego mojan el poco pasto que crece por encima de mi espalda.
Los vendavales sureños recorren las ruinas citadinas mientras una tormenta eléctrica pinta malévolamente el horizonte de un rosa metálico.

La calle esta tapizada de hongos traslucidos mientras mi aliento de hielo picado derrite las hojas de menta que caen sobre los pozos de petróleo ardiente.

Un rio de bombones de vainilla armoniza el ambiente con su hermosa tonada mientras deslava las rocas de sangre que frenan su furia, una furia animal que no cesa y quizás no lo hará por mucho tiempo.

Miles de peces inflados por el poder de la putrefacción reptan por el suelo cortante de cristales monocromáticos en busca de las ratas mutiladas que escupen los vagabundos del callejón cercano al rio.

El callejón de los vagabundos termina en una hermosa fuente de caparazones de cangrejo que eventualmente expulsa de sus entrañas pequeñas pepitas de oro que se disuelven en el acido clorhídrico, material base del flujo liquido y armónico de la fuente.

A pesar de la desolación, parece que el lugar se activa cual epilepsia justo después del terremoto de las 3 de la mañana.
Las aves gritan a los vientos mientras aletean, dejando ceniza por todo lugar que pasan, la gente despierta y coloca los pequeños témpanos de diamante en sus cuencas oculares vacías al mismo tiempo que se revuelcan sobre los suelos para salir a dar los buenos días.

Creo que es el único momento en que las calles se llenan de miles de basuras vivientes, la plaza se llena de gente, tal como si fueran pequeños gusanos ciegos en busca de alguna bestia podrida y mal oliente para hacer festín.
Solo la casa del Don Juan, la que siempre esta apagada, parece ser habitada en cada segundo, aun después del terremoto matinal y de toda la movilización.
Nadie conoce a Don Juan, se dice que es raro.

Unos dicen que es un ser asqueroso, que usa sus extremidades inferiores para caminar, no gusta de revolcarse por los suelos. Otros dicen que no coloca diamantes en sus cuencas oculares porque un par de objetos no salen de ahí, y que tiene la desgracia de ver su alrededor.
Y lo único que se aunque no este de acuerdo con los demás, es que toca todo el día sobre un piano lindas tonadas. Mi alrededor se revuelca en vómito cuando lo oyen, pero a mi me parece un sonido bueno.

Algún día iré a visitar a Don Juan, le pediré que me enseñe a tocar el piano, usare mis piernas para caminar por la calles y me quitare los lentes, para que se de cuenta que yo, al igual que el, no uso los diamantes.

Algún día dejare de revolcarme, de cortar mi cuerpo sobre el pavimento.
El aroma de las flores es lo único que me tranquiliza, además de mi liga y mi jeringa.

Saludos azules.

 

Heroina

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