Recomendaciones vacacionales II (ahora en el D.F)
Hay lugares que
con su hermosura y esplendor, pueden llegar a embellecer un lugar tan íntimamente ligado al ruido y a la contaminación que derivan en caos, como lo es la Ciudad de México. El museo Dolores Olmedo, ubicado en la delegación Xochimilco, muy al sur de la ciudad; es, indiscutiblemente uno de ellos.
Debo confesar que la primera vez que visité dicho lugar lo hice sin la más mínima idea de quién había sido aquélla mujer cuya imagen me daba la bienvenida al entrar por el enorme y perfectamente barnizado portón de madera que se alza regio en una de las calles de la zona conocida como La Noria. Yo sólo iba a cumplir con el trámite de una tarea escolar, pero me encontré con que ese sería mi primer acercamiento con la vida y obra de Diego y Frida, así como de la señora Olmedo, cuya incansable labor a favor del arte la llevó a hacerse de cientos de obras de ambos pintores que después donaría para que pudieran ser admiradas por el ciudadano común en lo que alguna vez fue su hogar.
Claro que éste no era cualquier hogar. Es una hacienda de extensiones casi interminables, de enormes jardines cuyo verdor representa un oasis, un refugio dentro de la ciudad con efectos relajantes (mucho mejores que cualquier cama de spa y mucho más baratos), que sin embargo, no alcanzan el nivel de soporíferos gracias a la distracción que proveen los pavorreales, patos, xoloescuintles y demás especies animales que viven en ellos.
Al entrar a la casa y mirar los testimonios eternos de la vida que son las fotografías, uno descubre el mundo elitista en el que se desarrolló la vida de la Sra. Olmedo: se la ve rodeada de ex-presidentes, faranduleros, empresarios, artistas y líderes religiosos, como Juan Pablo II. Pero lo mejor del recorrido es, sin lugar a dudas, la gran colección de obras de Diego y Frida, entre las cuales está la fabulosa serie titulada “Puestas de Sol” que Diego pintara al terminar su jornada de trabajo, justo al caer el sol en el puerto de Acapulco y que es mi favorita.
No podía faltar una sala dedicada exclusivamente a exposiciones temporales, que en este momento presenta una colección de pinturas hechas por artistas norteamericanos en la primera mitad del siglo XX y que se caracterizan por ser representantes de un movimiento artístico llamado “presicionismo”. Por ello les recomiendo que, si se dan una vuelta por el defectuoso en estas vacaciones o si son chilangos de cepa que, como yo, no pudieron darse una escapadita vacacional, vayan a este hermoso lugar cuyo costo de admisión será, en los meses de julio y agosto de $5.00 o ya si de plano están muy pobres, dense una vuelta un martes, día en que la entrada es libre.
Julio 27, 2008 a 5:22 pm
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